Semblanza Hno. Laureano Pérez SJ

Hno. Laureano Pérez SJ - Q.E.P.D. - 26/04/1926 - 23/03/2026

HNO. LAUREANO PÉREZ SANTANA, SJ.

26/04/1926 – Arenas (España) + 23/03/2026 – Asunción (Paraguay)

SEMBLANZA

El Hno. Laureano Pérez nació en Arenas-Málaga (España) el 26 de abril de 1926. Ingresó a la Compañía de Jesús el 26 de septiembre de 1950, en Santa María de Veruela, en la antigua Provincia Tarraconense de España. Hizo los votos del bienio el 27 de septiembre de 1952 en Veruela. Realizó la Tercera Probación en Santa Vera Cruz, Cochabamba, bajo la dirección de Julián Sayós, en 1961. Pronunció sus últimos votos el 31 de mayo de 1961 en el templo de Cristo Rey, Asunción.

Llegó a Paraguay en 1956 y su servicio se distribuyó en diferentes comunidades jesuitas:

  • 1956-1974 Comunidad Cristo Rey.
  • 1975-1979 Noviciado de Paraguarí.
  • 1980-1981 Comunidad Javier (Ex juniorado).
  • 1981-1986 Comunidad de la Curia.
  • 1986-2024 Comunidad Cristo Rey.
  • 2024-2026 Comunidad Javier "Taita Róga" (Enfermería).

A lo largo de su vida, ejerció diversos oficios: fue zapatero y cocinero durante sus años de noviciado, y después de sus votos desempeñó labores como plomero, sacristán y administrador de diversas áreas. Se destacó como un gran jardinero y fue reconocido por su capacidad para orar en soledad, era notable su inclinación por lecturas profundas y particularmente por su habilidad para ser un buen compañero, siempre dispuesto a pasar el tiempo en una buena conversación y en las sobremesas o en los encuentros comunitarios.

HISTORIA VOCACIONAL

El joven Laureano en sus primeros años de vida religiosa

El joven Laureano en sus primeros años de vida religiosa

El Hermano Laureano es el mayor de tres hermanos (una hermana y un hermano). Su infancia transcurrió durante la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Su familia fue el lugar donde germinó su vocación, animada por la orientación de su madre, quien hizo todo lo posible para que su hijo siguiera el llamado de Dios.

Por su parte Laureano desde muy joven quiso consagrarse al Señor y pensaba ser sacerdote, todavía siendo niño estuvo en el seminario, pero sus padres no pudieron costear todos los gastos y tuvo que dejarlo.

Durante su servicio militar, en una recorrida por la ciudad encontró la iglesia de los jesuitas en Monte Sión (Mallorca), donde yace el cuerpo del Hermano San Alonso Rodríguez, allí, a los 24 años, se sintió profundamente tocado por el Señor y se sintió llamado a ser hermano jesuita.

Finalmente encontró su vocación y apenas finalizado su servicio, ingresó al postulantado y comenzó su vida de consagrado como religioso hermano. Con esto, a pesar de las dificultades, su madre pudo ver coronados sus deseos cuando su hijo mayor dio el paso de consagrar su vida a Dios y a los demás, a través de la Compañía de Jesús.

Con estas experiencias Laureano entendió que su camino no sería como sacerdote, pero para él esto no fue una vocación de segunda clase, y asegura que ha sido muy feliz en su vida como hermano. Según sus propias palabras:

"Si el Señor me hubiera querido sacerdote, me habría dejado en el seminario, pero he sido y soy muy feliz como Hermano Jesuita".

MISIONERO EN EL PARAGUAY

Hno. Laureano con estudiantes del Colegio Cristo Rey

Con estudiantes del Colegio Cristo Rey en sus primeros años en Paraguay

Su llegada a Paraguay estuvo inspirada por la pregunta que San Ignacio propone en los Ejercicios Espirituales: "¿Qué he hecho por Cristo?". Aunque en ese tiempo la Provincia de Cataluña (España), aún no tenía presencia en América Latina, había un gran fervor por venir a estas tierras, y él sentía un fuerte deseo de servir aquí.

Luego de manifestar su insistente deseo a sus superiores, su Provincial le dijo que vendría a América "a enterrar los huesos", es decir, a quedarse aquí por el resto de su vida.

Así Laureano fue enviado a Paraguay, llegando en el año 1956 ya como hermano jesuita, y ya aquí dedicó su vida a servir a los demás colaborando de diversas maneras con la misión de Cristo.

Hno. Laureano acompañando a jóvenes

Acompañando a jóvenes en actividades del colegio

Durante 70 largos y fecundos años ha servido en la sacristía, en la parroquia, en la administración del Colegio y en la comunidad de Cristo Rey (donde pasó unos 56 años en total, en dos períodos), en el intermedio estuvo unos años en el noviciado de Paraguarí, en la comunidad del Juniorado de Trinidad, y en la Curia Provincial.

A lo largo de su vida, siempre ha sentido y ha mostrado un profundo amor por su vocación, y una inquebrantable lealtad por la Compañía de Jesús, que era su verdadera familia.

TEJEDOR DE TAPICES

Laureano desarrolló su habilidad para tejer tapices durante su tiempo en la administración del Colegio Cristo Rey. Allí, sus responsabilidades incluían la sacristía, la parroquia, el mantenimiento del colegio, el patio y las plantas. Aunque realizaba estas tareas con amor y dedicación, también le ocasionaban mucho cansancio.

Fue así que, tras leer un artículo sobre los beneficios del tejido de tapices como método de relajación, se interesó en la técnica. Durante un viaje a Brasil, visitó el taller de un artista en Bahía y aprendió el oficio. De vuelta en Paraguay, comenzó a tejer y encontró en esa actividad una fuente de tranquilidad y paz.

Tapiz Cristo Cósmico tejido por el Hno. Laureano

Tapiz "Cristo Cósmico" - Diseño de Olga Blinder

La Hermana Silvestra, de las Vicentinas de Zagreb, lo ayudó con los diseños, y juntos crearon obras que decoran varias comunidades jesuitas. Aunque en los últimos años ya no tejía, recordaba con cariño esa etapa de su vida, y cuando visitaba las casas iba invariablemente a revisar, limpiar y componer los tapices que había tejido con tanto cariño.

Los tapices que ha tejido se encuentran en la Comunidad de Cristo Rey, en la Curia Provincial, en lo que fue el Escolasticado, en el ex Noviciado de San Ignacio y en Santos Mártires, además de algunas casas de familias que apreciaban profundamente su trabajo.

El tapiz favorito del Hno. Laureano es el "Cristo Cósmico", diseñado por Olga Blinder. Lo describe así: tres cuadriláteros representan la Trinidad, y en el centro, de color carne, emerge un cuerpo del que no se ve el rostro sino la nuca, con los brazos abiertos, simbolizando a Cristo que surge de la Trinidad para redimir el cosmos.

COCINERO, PROMOTOR DE CELEBRACIONES Y JARDINERO

Hno. Laureano celebrando en comunidad

Celebrando en comunidad, siempre con buen ánimo

En sus buenos tiempos Laureano preparaba deliciosas paellas de mariscos, con las que reunía a los jesuitas de diversas comunidades, especialmente en las fiestas de San Ignacio y en otras celebraciones que servían como excusa para degustar sus abundantes y generosos platos.

Era amigo del buen vino y sabía compartirlo con los compañeros para alegrar los encuentros. Como comprador sabía buscar ventaja en los mercados y tiendas y tenía contactos que le facilitaban acceder a los productos a buen precio.

Por donde iba recogía plantas que luego llevaba a los lugares donde vivía, las palmeras reales del colegio Cristo Rey y otras especies que se encuentran por los lugares por donde pasó nos recuerdan su amor por un ambiente cuidado y un jardín amable.

Se ocupaba personalmente de cuidar el patio, de limpiar y renovar el jardín, siempre con algún ayudante que le facilitaba las tareas, especialmente en los últimos años.

Hubo un tiempo en que el jardín de la casa hacía notar como una competencia entre el Padre José de Jesús Aguirre, quien traía a plantar especies autóctonas del interior del país, y Laureano, a quien le gustaba plantar especies exóticas. Aunque esto no era motivo de pelea entre ellos, no faltaban las indirectas, los chistes y los tira y afloje, cosas que pasan en una familia.

AMOR POR LA COMPAÑÍA

Laureano mostraba con orgullo las fotos que se había hecho con todos los superiores generales de la Compañía que visitaron el Paraguay, desde Arrupe hasta Sosa. Con esto se sentía profundamente asociado a su amada Compañía de Jesús.

Hno. Laureano con el P. Pedro Arrupe SJ

Con el P. Pedro Arrupe SJ, Superior General (1965-1983)

Hno. Laureano con el P. Arturo Sosa SJ

Con el P. Arturo Sosa SJ, Superior General actual

Una anécdota que contaba hasta con emoción fue que durante la visita del Padre Pedro Arrupe a Paraguay Laureano lo recibió, puesto que el General se hospedó en Cristo Rey. Luego de algunos años Laureano pasó por España y coincidió con Arrupe, que estaba en un gran encuentro en el lugar donde él estaba, al pasar a su lado lo vio Arrupe y dijo: "el Hermano de Paraguay" y se paró para saludarlo y comentar algo de su visita.

Esto emocionó tanto a Laureano al sentirse tan apreciado y reconocido como hermano que dejó una honda huella en su corazón.

PORTERO Y LECTOR DE TEMAS PROFUNDOS

Hno. Laureano con compañero jesuita

Con el P. General Adolfo Nicolás (2008-2016)

Laureano no se quedaba atrás y le encantaba leer y conversar sobre temas actuales de espiritualidad y especialmente sobre teología, buscaba los libros de los grandes teólogos contemporáneos y los leía para luego comentar, hacer preguntas y hasta tener discusiones y polémicas teológicas con algunos de los compañeros jesuitas. Su condición de hermano no lo hacía achicarse para nada.

Se dedicó por mucho tiempo a atender a la gente que venía a Cristo Rey a confesarse o para ser escuchada, en más de una ocasión que no había un sacerdote disponible, el mismo Laureano escuchaba a la gente que necesitaba desahogarse.

"Yo voy Señor", decía, como el santo Hermano Alonso Rodríguez, al ir a abrir la puerta cuando sonaba el timbre. Para este oficio de portero, ya también en sus últimos años, era común encontrarlo sentado en la capilla o en el corredor de la casa rezando el rosario, dispuesto a atender a la gente.

PARA ENTERRAR LOS HUESOS

Hno. Laureano en sus últimos años

En sus últimos años, siempre con una sonrisa

En los últimos años, con gran dolor y pena tuvo que dejar su querida comunidad de Cristo Rey, yendo a la enfermería de Taita Róga en el Barrio Trinidad. Poco a poco su salud se fue deteriorando a raíz de varias complicaciones respiratorias e internaciones.

Falleció a los 99 años de edad, a punto de cumplir los cien años, que parece como haber preferido celebrarlos en compañía del Señor, de su santa Madre y de San José, de quienes era tan devoto.

Y para allá se fue, para la fiesta del cielo, el día 23 de marzo de 2026, a las 05:30 de la mañana en su cuarto de nuestra residencia de Taita Róga, siendo asistido en sus últimos momentos por las enfermeras, el superior Carlos de la Cruz y el ministro de la casa, Manuel Rodríguez.

Su despedida, como no puede ser de otra manera, será en el templo de Cristo Rey para partir a su sepelio en el Cementerio de los Jesuitas, en el Centro de Espiritualidad de Santos Mártires de Limpio. Allí lo acompañaremos a cumplir el último detalle de la misión que se le encargó: dejar los huesos en esta tierra que tanto amó, y por la que lo entregó todo.

EL ÚLTIMO HERMANO

En la Provincia Jesuítica del Paraguay Laureano era el último hermano jesuita que nos quedaba. Ahora con su partida, esta vocación tan hermosa queda sin relevo. Pedimos al Señor que el testimonio de Laureano inspire y anime sucesores para tomar la posta, que su intercesión desde el cielo pueda despertar este deseo en otros jóvenes paraguayos que puedan decir como él:

"He sido y soy muy feliz como Hermano Jesuita".

Los Jesuitas del Paraguay nos sentimos muy agradecidos a Dios por la vida y el testimonio de nuestro querido compañero Laureano Pérez.