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Tiempos y Tiempo de Dios · 154

Cuando la guerra deja de escandalizarnosLeón XIV frente a la normalización de la guerra

Por P. Óscar Martín SJ

Cuarta entrega sobre Magnifica Humanitas. En el capítulo V, León XIV mira de frente a la guerra y no empieza por las armas, sino por una cultura del poder que la vuelve normal.

Tiempos y tiempo de Dios 154: Cuando la guerra deja de escandalizarnos. León XIV frente a la normalización de la guerra

La guerra empieza mucho antes de la primera bomba

En el capítulo V de Magnifica Humanitas, León XIV mira de frente a la guerra. Y no empieza por las armas, sino por una cultura del poder: cuando imponerse por la fuerza se vuelve criterio de decisión, el bien común retrocede y el sufrimiento de los pueblos se convierte en una variable más del cálculo estratégico. La guerra, dice, empieza mucho antes de la primera bomba: empieza cuando aprendemos a considerarla normal.

Ese es uno de los signos más inquietantes de nuestro tiempo. Tras dos guerras mundiales, Europa quiso construirse sobre un “nunca más”. Hoy, en cambio, vemos presupuestos militares descomunales, rearme, disuasión, enemigos... y, como contrapartida, recortes al bienestar social. León XIV lo llama la nueva Babel: potencias que se aferran a su primacía frente a otras que quieren arrebatársela. Los pueblos, mientras tanto, ponen los muertos.

Cabe preguntarse en qué momento la defensa dejó de mirar hacia la paz y empezamos a instalarnos, sin darnos cuenta, en una lógica permanente de guerra.

"La guerra empieza mucho antes de la primera bomba: empieza cuando aprendemos a considerarla normal."

Las contradicciones que dejamos de ver

Alemania acaba de vivir unas regionales en Sajonia-Anhalt con una victoria contundente de AfD, partido de extrema derecha al que el propio gobierno acusa de deriva nazi. Es comprensible que Alemania sea especialmente sensible a ese fantasma. Pero resulta llamativo que ese mismo gobierno, junto a toda la OTAN, haya respaldado en Ucrania a unidades como Azov, surgidas de ambientes ultranacionalistas y de raíz neonazi confesa. ¿Por qué ciertas contradicciones dejan de incomodarnos cuando vienen del lado de nuestros aliados?

"¿Por qué ciertas contradicciones dejan de incomodarnos cuando vienen del lado de nuestros aliados?"

Gaza y el rearme de Europa

Algo parecido ocurre con Gaza. Europa proclama solemnemente los derechos humanos mientras observa, desde hace años, una devastación extraordinaria del pueblo palestino. La acusación de genocidio contra Israel sigue formalmente ante la Corte Internacional de Justicia. Y sin embargo, Netanyahu sigue siendo recibido y aplaudido en casi todo Occidente.

Mientras tanto, Europa se rearma. Francia estrena en septiembre un servicio militar de diez meses, por ahora voluntario. Alemania recupera el registro y examen militar, con la conscripción obligatoria lista para activarse “según necesidad”. Son matices, sí. Pero también son síntomas de un clima cultural nuevo: nos preparamos, cada vez con más naturalidad, para la guerra.

Cuando la guerra también es negocio

Y detrás, como siempre, el negocio. Europa atraviesa una crisis industrial severa —el sector del automóvil es el ejemplo más claro— mientras la industria militar crece a toda velocidad. La planta de Volkswagen en Osnabrück dejará de fabricar autos para producir armas. Rheinmetall ya vendió su rama civil para concentrarse solo en lo militar. Dicho sin rodeos: cuando la guerra genera inversión, contratos y beneficios para los grandes consorcios, la paz y la justicia se ganan enemigos económicos muy poderosos.

La normalización también es nuestra

Esta lógica de la normalización no es privilegio de las grandes potencias: en Paraguay la practicamos a diario. Los médicos llevan semanas en huelga denunciando una salud pública tan precaria que mata, y el Estado responde de forma cínica, como si la vida de la gente trabajadora y de los pobres fuera prescindible. Nosotros seguimos mirando de lejos o cambiamos de canal... Nuestra educación está entre las más deficientes de América Latina. Ese dato, que debería ser una alarma nacional, apenas roza la agenda pública. Comunidades indígenas son desalojadas de tierras que les pertenecen por historia y por derecho, mientras la tierra, el agua o el oro, que deberían ser patrimonio de todos, se reparten entre unos pocos, con la connivencia o el apoyo explícito de las instituciones llamadas a defenderlos. No hace falta uniforme ni trinchera para que haya guerra: basta con que el sufrimiento de gran parte del pueblo deje de escandalizarnos.

"Cuanto más examinaba los hechos de su tiempo, más descubría el espejismo y la falta de fiabilidad de los asuntos humanos." — Tácito

La lección de Tácito

El historiador Tácito, contemplando las grandezas y miserias de Roma, confesaba que cuanto más examinaba los hechos de su tiempo, más descubría “el espejismo y la falta de fiabilidad de los asuntos humanos”. La frase no ha envejecido un día. También hoy, detrás de los grandes discursos sobre seguridad, democracia o defensa de Occidente o, en nuestro país, de crecimiento macroeconómico, suelen esconderse intereses mucho más mezquinos: poder, mercados, contratos, simple y pura corrupción o supervivencia política. Tácito nos enseña a desconfiar de las justificaciones demasiado solemnes, y a preguntar siempre quién decide, qué intereses se juegan y quién paga la cuenta.

Quizá por eso León XIV insiste en denunciar el falso realismo que nos convence de que “no hay alternativa”. Pero el Evangelio empieza justo ahí, donde alguien se atreve a decir que sí la hay.

"Tal vez la pregunta correcta no sea quién ganará la próxima guerra, sino quién gana cada vez que logramos acostumbrarnos a que la haya."

León XIV alza la voz contra esa normalización y nos recuerda que la paz no es ingenuidad ni debilidad, sino una tarea política, moral y espiritual. El verdadero coraje no es, de ninguna manera, prepararnos mejor para la guerra, sino atrevernos a romper la lógica que la vuelve inevitable.

Fuente original

Texto adaptado de la entrega 154 de Tiempos y Tiempo de Dios, del P. Óscar Martín SJ.

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