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Tiempos y tiempo de Dios · 149

Eulalio Aquinouna vida indígena que no debe caer en el olvido

Por P. Óscar Martín SJ

El 22 de mayo, el educador paĩ tavyterã Eulalio Aquino Fleitas fue asesinado por sicarios en su propia casa. Detrás de su muerte hay una vida, una historia, una familia, una comunidad y un pueblo. A la luz de esta tragedia se impone una pregunta tan embarazosa como incómoda.

Tiempos y tiempo de Dios 149: Eulalio Aquino, una vida indígena que no debe caer en el olvido

"¿Cuánto vale en realidad la vida de un indígena en nuestro país? ¿A cuánta gente le importa?"

Una vida en su plenitud

Eulalio Aquino, cuyo nombre indígena era "Ava Pykarendy", tenía 45 años. Pertenecía al pueblo Paĩ Tavyterã, uno de los pueblos originarios más golpeados por la exclusión, la pérdida de territorio, la violencia sistemática y la indiferencia escandalosa por parte del Estado.

De su trayectoria de vida puede decirse que fue, ante todo, un hombre que buscó abrir caminos de vida digna para su pueblo. Educador, técnico de educación indígena, director de escuela, promotor de la lengua paĩ y funcionario de la Secretaría de Asuntos Indígenas de la Gobernación de Amambay: cada uno de esos roles fue una forma concreta de servicio.

La educación como camino

Desde muy pronto su vida estuvo profundamente vinculada a la enseñanza. Fue reconocido como uno de los primeros educadores titulados de su parcialidad. Sus inicios fueron enseñando a niños de su comunidad cuando todavía no había prácticamente recursos, con mucha precariedad y escaso reconocimiento institucional. Durante años trabajó como maestro ad honorem, incluso en condiciones muy complejas y difíciles.

Su vocación no era solamente enseñar materias escolares, sino ayudar de modo efectivo a que su pueblo pudiera formarse sin claudicar a su riqueza cultural, sin perder su identidad. Educar a los niños paĩ tavyterã significaba también cuidar su lengua, su cultura, su memoria, su modo de vivir, su "teko".

"Un pueblo pierde mucho cuando se le quita la tierra, pero pierde todavía más cuando se le arranca la palabra."

Una forma de resistencia cultural

Esa fue quizá una de sus mayores intuiciones: la educación indígena no puede ser una simple copia de la educación bancaria pensada desde afuera. Su tarea fue una manera, tan concreta como firme, de afirmar que los pueblos indígenas no son restos del pasado, sino personas vivas, poseedoras de sabiduría llamada a enriquecer a otros, con derechos inalienables y con proyección y sueños de futuro digno.

La voz que se animó a hablar

Eulalio también tuvo una dimensión pública y comunitaria muy importante. Caminando con su pueblo, supo levantar la voz cuando sintió que su comunidad era atropellada. Denunció abusos, pidió respeto a las autoridades y defendió que cualquier intervención en territorio indígena tenía que hacerse escuchando a sus líderes y respetando sus costumbres.

Sus palabras no brotaban del resentimiento, sino desde la dignidad de quien sabe que su pueblo tiene el derecho a ser tratado sencillamente como lo que es: un pueblo.

Una candidatura que no era ingenua

En el momento de su muerte, Eulalio Aquino era precandidato a concejal municipal de Cerro Corá. Ese dato no es secundario ni puede leerse ingenuamente. Su candidatura significaba un paso importante: un indígena paĩ tavyterã dejaba de ser solamente defensor de su comunidad para disputar un lugar en la institucionalidad política local.

Y en territorios donde pesan los intereses de la tierra, el narcotráfico, el sicariato y las mafias, la participación política indígena no es bienvenida.

Una muerte que no puede leerse aislada

Su asesinato, ocurrido en Pedro Juan Caballero, no puede desligarse fácilmente de ese contexto. Amambay es territorio de violencia, disputa territorial, crimen organizado e impunidad. Aunque corresponde a la justicia esclarecer plenamente las causas y responsabilidades, sería una ingenuidad reducir este crimen a un hecho aislado.

Estamos ante una muerte que debe ser leída en el contexto del control mafioso de territorios, del silenciamiento de liderazgos indígenas y del intento de impedir que los pueblos originarios tengan protagonismo político real. Han asesinado a un educador indígena, a un servidor público, a un defensor de la cultura paĩ tavyterã. A un hombre que intentaba abrir camino para su pueblo desde la educación, la memoria y la participación política.

"Recordar a Eulalio Aquino es negarse a que su muerte desaparezca en la estadística fría de la violencia."

La esperanza que sostiene la memoria

Es también afirmar, con dolor y con esperanza, que mientras haya hombres y mujeres indígenas defendiendo su lengua, su territorio, su memoria y su dignidad, el Paraguay todavía tiene una posibilidad de ser más justo, más humano y más verdadero.

Posdata dolorosa

Días más tarde de la muerte de Eulalio, el 27 de mayo, fue también asesinado en otro atentado similar el exlíder ishir Néstor Rodríguez, de la comunidad indígena María Magdalena, en Alto Paraguay. En el mismo acto criminal fueron heridos dos jóvenes más de la misma comunidad.

Fuente original

Texto adaptado del artículo publicado el 30 de mayo de 2026 en el blog Tiempos y Tiempo de Dios, del P. Óscar Martín SJ.

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