1976 — 2026
Pasión y muerte de un pueblo que buscaba libertad.
Memorial de víctimas de la represión de 1976 en la Plaza de los Desaparecidos de Asunción, durante el acto conmemorativo por los 50 años de la Pascua Dolorosa. Foto: Hernán González Galetto.
En el año 1976 el terror se apoderó del Paraguay con mayor fuerza. Se desataba en Asunción una de las represiones más crueles y atroces llevadas a cabo, sin piedad, por el dictador Alfredo Stroessner y todo su sistema de gobierno opresor. A cinco décadas de aquellos hechos, la memoria vuelve a encenderse para iluminar el presente.
Portada de la revista Sendero, órgano de la Conferencia Episcopal Paraguaya, N° 66 (enero-febrero 1976). Archivo histórico.
El 05 de abril las fuerzas policiales allanan el Seminario Metropolitano y toman preso al Padre Ignacio Parra, director de la Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis, quien desde entonces permanece incomunicado en Investigaciones. De la misma manera, al día siguiente, se procedió al allanamiento del Seminario Mayor Nacional y detención de un seminarista, Óscar Ruiz, por el solo hecho de coincidir su apellido con uno de los buscados por la policía.
El día 7 se difundieron en algunos medios de comunicación, movido por el Ministerio del Interior, fotografías del entonces padre jesuita Miguel Sanmartí, calificándolo de "asesino criminal peligroso". Un día después, el 8 de abril, fue allanada la comunidad jesuita del Cristo Rey y abruptamente intervenido el colegio. Se llevan preso al padre jesuita Miguel Munarriz.
Los recortes de los principales diarios de Asunción dan cuenta del impacto público que tuvo la intervención al Colegio Cristo Rey y la respuesta de la Conferencia Episcopal Paraguaya, que calificó la medida como una "dolorosa sorpresa".
La Tribuna · "Dolorosa sorpresa, afirma la CEP"
La Tribuna · "El Gobierno dispuso intervenir"
Entrevista al P. Bartolomé Vanrell SJ
La ola represiva se extendió al resto del país, principalmente en la zona de Misiones y Paraguarí. Se trata de un capítulo oscuro de nuestra historia más reciente que quedó grabado en la memoria del pueblo como "La Pascua Dolorosa".
La historiadora Margarita Durán Estragó escribe:
Uno de los campesinos desaparecidos durante la Pascua Dolorosa fue Silvano Flores. El 15 de abril de 1976, en Santa Rosa, Misiones, balearon el rancho donde vivía, esto obligó a sus ocupantes a salir al patio. Una vez fuera, arrastraron a Silvano unos 40 metros y atado a un árbol fue sometido a golpes de culata de fusil y finalmente degollado frente a toda su familia.
— Margarita Durán Estragó, historiadoraTambién hubo apresamientos y muertes en las cámaras de tortura. De los casos más recordados figuran Mario Schaerer Prono y la desaparición de Martín Rolón. Otros detenidos y torturados: Miguel Ángel Perito, Carlos Fontclara, Guillermina Kanonicoff, Ignacio Parra y José Gil Ojeda.
Entre las mujeres presas y torturadas se encuentran Adoración Ferreira (Dorita), residente en la comunidad de Jejuí, quien a causa de las torturas quedó con graves perturbaciones psicológicas; Felipa Adolfina de Melgarejo, María Morel Céspedes, Gertrudis Felkan (familiar de liguistas detenidos), Blasida Falcón Escobar y Eulogia Falcón Escobar.
A lo largo de ese mismo año fueron expulsados varios jesuitas del Paraguay:
Años antes ya habían sido expulsados otros cuatro jesuitas: Ignacio Ramallo, Francisco De Paula Oliva, Vicente Barreto y José Luis Caravias. Sus nombres quedan hoy inscritos en la memoria de una Iglesia que no se apartó del pueblo.
Vista general del acto conmemorativo en la Plaza de los Desaparecidos, Asunción · 11 de abril de 2026. Foto: Santiago Ros.
El pasado 11 de abril del corriente, varios sobrevivientes y testigos de aquellos hechos, junto con familiares de víctimas, organizaciones sociales, políticas y religiosas, y una importante presencia de jóvenes, se reunieron para conmemorar los 50 años de aquella Pascua. Ciertamente resonaban las voces de esperanza de quienes han sobrevivido a ese tiempo tan trágico para nuestro país. Y con esperanza alentaban a los presentes a seguir luchando por la libertad, la justicia y la igualdad de derechos entre todas y todos los paraguayos, para que esa historia no se vuelva a repetir.
De derecha a izquierda: Antonia Coronel (hija de Constantino Coronel); Mary Alvitos Vda. de Zavala (esposa de Jorge Zavala, asesinado en 1978 por las fuerzas policiales); Carla Coeyu Da Costa (hija de Juan Carlos Da Costa, uno de los 24 asesinados en la represión de la Pascua Dolorosa); Carlos Fontclara, detenido y torturado también a raíz de esa represión; y Manuel Schaerer Kannonikof (hijo de Mario Schaerer Prono, asesinado el 6 de abril del 76 tras 24 horas de tortura), quien nació en el Rigoberto Caballero y creció en la prisión de Emboscada junto a su madre Guillermina Kannonikof, detenida. Foto: Santiago Ros.
Algo que se destacó en los testimonios y ponencias fue que el nacimiento de muchas de las organizaciones como las Ligas Agrarias Cristianas y la Organización Primero Marzo (OPM), malintencionadamente llamada por el gobierno de la época como "Organización Político Militar", se produjeron en el seno de la Iglesia Católica honrando la memoria de varios exponentes ya citados más arriba.
Sobrevivientes, familiares de víctimas y miembros del Colectivo por la Memoria durante el acto del 11 de abril. Foto: Jessica Insfrán.
El acto tuvo lugar en la "Plaza de los Desaparecidos" de la ciudad de Asunción y la organización estuvo liderada por el colectivo de "Sobrevivientes de la represión de 1976", la "Plataforma de Derechos Humanos" y la "Dirección de Reparación y Memoria del Ministerio de Justicia".
En el acto estuvo presente el P. José María Blanch SJ, como memoria viva y testimonio de fe comprometida, quien con sus aportes ejecutivos y fotográficos logró documentar momentos de la cotidianidad de aquella población que resistió las reprimendas dictatoriales.
Sus imágenes, hoy convertidas en archivo histórico invaluable, muestran a las familias campesinas de las Ligas Agrarias Cristianas en su vida comunitaria: los círculos de lectura, los talleres, las asambleas, los momentos compartidos. Una mirada íntima sobre un pueblo que buscaba, con los Evangelios en la mano, caminos de dignidad y liberación.
El P. José María Blanch SJ observa los banners con sus fotografías de las Ligas Agrarias Cristianas (1973-1987). Foto: Eduardo Aguilar SJ.
"Ligas Agrarias Cristianas · Fotografías de J.M. Blanch SJ · Años 1973 a 1987". Banner instalado durante el acto conmemorativo. Foto: Eduardo Aguilar SJ.
Por su parte, el Colegio Cristo Rey viene desarrollando una serie de actividades conmemorativas que buscan honrar la memoria de aquellas víctimas y recordar con gratitud a quienes, con valentía y convicción, defendieron la dignidad humana, la libertad y la educación como camino de transformación. Una memoria que brota de la fe y del compromiso por la justicia y la reconciliación.
A 50 años de la Pascua Dolorosa, el legado de la Compañía de Jesús se mantiene como un puente inquebrantable entre dos épocas. En 1976 los jesuitas acompañaron, junto con muchos otros, el despertar de las Ligas Agrarias y sufrieron la persecución por defender la dignidad campesina. Hoy su misión se renueva en las aulas y en las plazas, en trabajo con jóvenes, en las parroquias y centros de espiritualidad.
Esta fe que se compromete con la justicia y la reconciliación se refleja ahora en una nueva generación de jóvenes que, lejos de olvidar, asumen el compromiso de ser custodios de la memoria. A través del acceso a archivos históricos y el testimonio vivo de sobrevivientes, el trabajo jesuita conecta aquel pasado de resistencia con un presente de participación ciudadana activa.
Jóvenes trabajando en un taller de grabado durante las jornadas conmemorativas: la memoria se hace con las manos. Foto: Jessica Insfrán.
El grito de "¡Nunca Más!" no es solo un recuerdo del dolor, sino una profunda invitación del Señor: formar hombres y mujeres que, con los ojos puestos en nuestra historia, trabajen por un Paraguay y un mundo donde la libertad, la justicia y la paz dejen de ser un sueño para convertirse en una realidad compartida por todos.
"La sangre de los mártires es semilla de hombres y mujeres nuevos."
A 50 años de la Pascua Dolorosa, la memoria sigue siendo camino, y la esperanza, tarea compartida.