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¿Quiénes somos?

Somos una orden religiosa fundada por San Ignacio de Loyola en 1540, para llevar adelante la misión de Jesús y su Iglesia en el mundo.

En Paraguay somos alrededor de 70 jesuitas que servimos actualmente a la gente en diferentes sitios del país. Nos conocen por nuestra historia, ligada íntimamente a la del Paraguay; por el jesuita San Roque González de Santa Cruz, primero y único santo paraguayo; y por nuestra incansable labor a favor de los más empobrecidos y de la educación.

¿Donde estamos?

Trabajamos en diferentes sitios de todo el Paraguay: En los bañados de Asunción, en San Pedro, en Paraguarí, Ciudad del Este, Santa María y San Ignacio (Misiones) y en Encarnación.

Misión

Nos empeñamos en la formación de personas aportando la riqueza de nuestra espiritualidad ignaciana, pretendiendo incidir en la sociedad desde el Evangelio. Nuestro compromiso con quienes necesitan lo realizamos como servidores de la misión de Cristo.

Reducciones jesuíticas del Paraguay

Durante un siglo y medio desde 1609 hasta 1776 fuimos parte de la historia colonial. El Colegio de la Compañía de Jesús en Asunción, por una parte, y las Reducciones jesuíticas con los indios guaraníes, por otra, marcaron profundamente los comienzos de la futura nación paraguaya.

Las Reducciones Jesuíticas del Paraguay fueron una de las experiencias más exitosas durante más de 170 años.

Los inicios

Por el P. Dr. Miguel Petty, S.J.

En 1549, nueve años después de la fundación de la Compañía de Jesús, San

Ignacio de Loyola envió a Manuel de Nóbrega (fundador de Salvador,  Bahía) y José de Anchieta (fundador de San Pablo)  y sus compañeros al Brasil. Se cuenta que éstos se adentraban en las junglas para evangelizar a los indígenas. En 1567 los jesuitas españoles fueron destinados al Perú y en 1587 algunos llegaron al Paraguay y trabajaron con los indios. Pero por falta de apoyo el Provincial jesuita del Perú decidió abandonar la misión experimental del Paraguay.

Afortunadamente el obispo franciscano de Asunción pidió ayuda al General de los Jesuitas, el P. Claudio Acquaviva y en 1607,  este nombró al P. Diego de Torres Provincial de la nueva Provincia Jesuítica del Paraguay, que incluía los territorios actuales de Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay y partes del Brasil. Un territorio de 490 mil kilómetros cuadrados, aproximadamente del tamaño de Europa occidental.

Ya antes, en 1537, los Franciscanos habían comenzado a organizar a los indios en asentamientos. El franciscano Fray Luís Bolaños había redactado la primera gramática y un libro de oraciones en la lengua guaraní. Pero sus asentamientos tuvieron poco éxito porque llegaron a ser tierra fértil para la cosecha de esclavos, a pesar de que Paulo III hubiera formulado una enérgica condena de la esclavitud y los reyes de España habían promulgado leyes humanitarias en su defensa. Finalmente, con la ayuda del Gobernador de Paraguay, Hernando Arias de Saavedra, conocido como Hernandarias, y de las famosas ordenanzas del juez Francisco de Alfaro (1609), se habían calmado las revueltas de los indios y aquellos no encomendados fueron exentos de pagar impuestos a la corona.

Así comenzó la titánica obra que llegó a incluir los famosos 30 pueblos, que según el P. Bartolomeu Melia, fueron una Utopía, “un proyecto anti colonial en la colonia”, en donde un puñado unos 50 o 60 sacerdotes administraban y orientaban a más de 140.000 indios, durante unos 170 años.

En primer lugar se debe tener presente que la gesta fue realizada por los Jesuitas. Estos hombres eran venidos de distintos países de Europa, su entrega al trabajo era total y su  misión era claramente la defensa del indio vilmente explotado por los colonizadores. El proyecto había captado la imaginación de los jesuitas. Se ofrecieron más de 10.000 de los cuales solo fueron elegidos 1.050. Entre ellos no había fisuras, lo que uno comenzaba era continuado por su sucesor, la tarea de uno era complementada por la tarea de otro. Cada uno ocupaba su puesto en una sólida estructura jerárquica.

Los Jesuitas fueron los autores de estas famosas Reducciones del Paraguay. Es decir, además de los que trabajaban en el campo había también una estructura organizativa (la Curia de los Jesuitas en Roma, la Universidad en Córdoba, etc.) que mantenía un flujo de personal altamente capacitado durante todo el período. No eran personas aisladas, sin relacionamiento el uno con el otro, cada uno procurando solucionar los pequeños problemas de sus comunidades. Los que trabajaban en el campo eran los soldados rasos de una organización mundial que iluminaba sus trabajos con principios claros, los priorizaban, aseguraban la continuidad y trabajaban para defenderlos. Este continuo flujo de hombres con el mismo espíritu, también se fue consolidando con personas capacitadas proviniendo en América, concretamente en la Universidades de Córdoba y del Alto Perú.

Visión

Los jesuitas tenían una idea muy clara de la dignidad del indio. Su humanidad y el hecho de ser personas queridas por Dios los llevaba a una actitud de respeto que ni siquiera se desdibujaba por la violencia de los castigos corporales propios de la época. El indio era tan persona como cada uno de ellos y no podía ser reducido a la esclavitud ni vendido en los mercados.  Esta visión del hombre fue fundamental para los Jesuitas. Veían a todo el hombre, en todas sus dimensiones, desde su necesidad de relación con la trascendencia hasta la más pequeña relación familiar. Esta visión surge de sus famosos Ejercicios Espirituales donde en la Contemplación de la Encarnación  contemplaban como Dios ve a toda la humanidad, “algunos riendo, otros llorando, algunos naciendo otros muriendo, algunos blancos, otros negros…” y decide hacerse hombre para salvarlos. Veían a todo hombre como objeto del amor divino, siendo esta su máxima dignidad.

Por ello los Jesuitas protegían a los indios, porque eran perseguidos y esclavizados. Ellos fundaron las reducciones, ya que de lo contrario en el aislamiento en la selva, estos eran fácil presa de los colonizadores. Es más, los Jesuitas estudiaban sus costumbres y sus lenguas, convivían con ellos y les hablaban en sus propios idiomas. Un dato muy significativo fue el descubrimiento de la importancia que para ellos tenía la música.

Encontraron que sobre todo los indios Chiquitanos, en lo que hoy es Bolivia, tenían una increíble facilidad para la música. Un jesuita músico italiano Domingo Zipoli compuso la famosa “Música barroca Chiquitana” que se canta allí hasta hoy en día. Pero también elaboraban los primeros diccionarios y redactaban catecismos en guaraní. De esta manera lograban que el indio se sintiera realmente acompañado en sus expresiones culturales más intimas y por consiguiente diera lo mejor de sí mismo.

Evangelización y Promoción

Su visión integral de la realidad les facilitaba la realización de la síntesis entre evangelización y promoción humana. Había que atender a todas las necesidades de todo el hombre, lo cual incluye su dimensión trascendente, su vida religiosa junto con sus necesidades materiales. La novedad de este modo de evangelización fue total. Otras misiones se habían limitado a dimensiones estrictamente religiosas como fomentar la vida sacramental y la formación moral. Pero no se trataba de imponer una religión, los Jesuitas eran muy respetuosos de las tradiciones y costumbres, llegando hasta tolerar la poligamia sobre todo entre los jefes con la idea de reducirla con el tiempo.

El hecho de que los Jesuitas se ocupaban de la promoción humana es muy conocido por todos: no sólo cultivaban la tierra, sino que organizaban la comercialización y exportación con la colaboración de los Padres Procuradores en las ciudades y se realizaban estudios sobre las distintas propiedades de las plantas. A ellos se atribuye la introducción de la forma de tomar yerba mate con una bombilla y un calabacín. En un primer momento debieron ofrecerle al Rey una cuantiosa suma de dinero para que permitiera la existencia de las Reducciones.

Pero también tenían muy organizada la vida religiosa, con ceremonias alegres a la usanza de los mismos indios, sus celebraciones dominicales, su vida sacramental. Procuraban la difusión de los valores evangélicos, pero sin imposiciones.

Educación en las reducciones

Ningún proyecto de desarrollo social puede considerarse sustentable sin un fuerte ingrediente educativo. Uno se podría  preguntar ¿Por qué los Jesuitas no pusieron sus colegios en las reducciones? Al responder en primer lugar hay que recordar que los indios provenían de situaciones con total ausencia de formación sistemática o referencia a la cultura europea. Esto indica la imposibilidad de poder colocar sus colegios en las mismas reducciones, si bien contaran con el apoyo de los colegios para los españoles en Córdoba,

Santa Fe y Asunción, que influían ciertamente en las misiones. Pero en las reducciones  ciertamente los jesuitas se ocupaban de la capacitación de los indios. Prueba de ello es que después de la dispersión, muchos de los artesanos de las reducciones emigraron a las ciudades cercanas y allí trabajaron exitosamente.

A los niños se les enseñaba el catecismo, todos los días asistían a la Santa Misa, se les servía un desayuno y luego eran llevados a realizar trabajos conforme a la edad. Con decir que se organizaban orquestas, con instrumentos fabricados por ellos mismos para producir música barroca – de la época. La construcción de viviendas e iglesias monumentales, la urbanización de las reducciones, todo ello constituya un proceso educativo. Con todo, hay que reconocer que el proceso quedó trunco.

Nadie sabe como hubieran evolucionado las reducciones. Pero ya que los jesuitas venían organizando universidades desde Santo Domingo hasta Córdoba hubiera sido probable que una próxima universidad se ubicara en la Candelaria – capital de las Reducciones. (Muchos años después allí se fundo la Universidad Católica de Misiones).

El final de las reducciones

Después de la guerra provocada por el Tratado de Madrid de 1750, vino en 1768 la  orden del rey Carlos III para expulsar a los Jesuitas de todos sus territorios.

Esta orden obedece a diversos factores, en primer lugar dentro de Europa, pero también algunos que surgieron en América Latina. Entre estos cabe destacar que los poderes europeos no toleraban ningún tipo de expresión fuera de sus intereses económicos propios en las colonias. Con ello destruyeron la obra de las Reducciones y facilitaron el suministro de trabajadores indios para el estado y para los pueblos de los españoles.

Pero las Reducciones no se disolvieron inmediatamente. Los jesuitas fueron reemplazados con nuevos directores seculares que no tenían ni los ideales ni la capacitación  de los jesuitas. Los más afortunados entre los guaraníes retornaron a la selva o emigraron a Buenos Aires y otras ciudades donde se sirvieron de su capacitación como artesanos que habían aprendido en las Reducciones. Lo cierto es que hubo una rápida disminución de la población en las mismas Reducciones.

En cuanto a la planta física, las tropas del general brasileño Chagas y el dictador paraguayo Francia causaron graves daños a los edificios. El golpe de gracia vino por el sucesor de Francia, Carlos López cuando este destruyó las comunidades para quedarse con sus tierras.

Nuestro retorno al Paraguay

En 1928, a pedido del Monseñor Sinforiano Bogarín volvimos a establecernos en Asunción y en el Departamento de Misiones, para seguir construyendo con los paraguayos el sueño de un país mejor.